La humanización de la medicina. De la divergencia hacia la confluencia.

Estaba leyendo el otro día en algunos blogs sobre temática sanitaria algunos conceptos sobre la humanización de la sanidad, temas que aunque aparentemente novedosos ya han sido abordados desde diferentes perspectivas por la administración y sobre la que también tendrían mucho que decir los colegios profesionales.

También he conocido conceptos sobre la decisión clínica compartida a través de las clases en ESADE de Jordi Varela y de su blog, de la mejora de la experiencia del paciente y de los resultados clínicos, de la reducción de costes, del uso inapropiado de los recursos sanitarios, de las prácticas clínicas de valor, de la seguridad del paciente, de los pacientes expertos, del gobierno clínico, de la medicina basada en la evidencia, del sobrediagnóstico, de las organizaciones sanitarias de alto rendimiento, de la gobernanza, del liderazgo, del liderazgo inclusivo, de la calidad, de las guías clínicas, de los protocolos, de hospitales privados y públicos, hospitales de gestión directa y hospitales con otras formas de gestión, de los segmentos del mercado sanitario, de la penetración y cuotas de mercado de las compañías aseguradoras, de cómo en el año 2014 los primeros nueve grupos hospitalarios privados facturaron 3.184 millones de euros en un mercado sanitario privado con tendencia a la concentración, de la competitividad y de la cada vez mayor dificultad para mantener la actividad médica individual, de la actividad inter y multidisciplinar, de la planificación y estrategia, de la telemedicina, del big-data, …

Todo lo anterior me ha recordado a Michael Porter, Donald Berwick, Richard Bohmer, John Wennberg, y a otros muchos … y a Paul Levi, quien además también supo durante más de nueve años (“with 4646 blog posts dating back to August 2006, it’s time to end this adventure. After over 9-1/2 years of almost daily output, I will cease adding new posts to this blog.”), trasladar desde su blog, de manera auténtica, transparente y con pasión, sus vivencias y emociones. Personalmente, aunque ignoto en la alta dirección y por tanto salvando las diferencias, creo que es alguien de quien aprender, con sus éxitos y fracasos.

Lo que me ha traído a la mente instituciones como la Mayo Clinic, Cleveland Clinic, the Beth Israel Deaconess Medical Center, la Fundación Jiménez Díaz, el Hospital de Dénia, el Hospital La Paz, el Hospital Gregorio Marañón, el Hospital La Fe,  el antiguo Hospital General, el Hospital General Universitario de Valencia, el Grupo hospitalario San Juan de Dios, el Hospital Casa de Salud, el Grupo Fresenius Helios, cada uno de ellos por sus propias razones.

Y a los Dres. Luis Beltrán Besante (1788-1843), Manuel Candela Pla, Adolfo Gil y Morte, Vicente Tormo Alfonso, Julián Celma Hernández,  José Fornes Ruiz, José Mª. López Piñero, a Arnau de Vilanova (ca. 1238), a Lluis Alcanys (m. 1506), a Luis Collado, Juan Bautista Peset Vidal, Enrique Ferrer Viñerta, Jaime Ferrán, Francisco Moliner y tantos otros.

Del “Tractatus de intentione medicorum”, desde la rúbrica “De Metges” (1329) de los Furs de Alfonso IV El Benigno, hasta 1502 año en que el Rey Fernando El Católico concedió el privilegio para la fundación de la Facultad de Medicina de Valencia, rebajada en el 1837 a “colegio de prácticos en el arte de curar”, pasando por 1841 con la fundación del Instituto Médico Valenciano y finalmente el 15 de septiembre de 1898 como origen histórico del Colegio Oficial de Médicos de Valencia, han transcurrido muchos siglos.

Pero ya en el s. XIII, Arnau de Vilanova expone cómo la verdad filosófica y la médica pueden armonizarse. Y qué no es la filosofía sino la ciencia que estudia la existencia, la mente, la moral, la belleza, el conocimiento, la verdad, el lenguaje y el sentido del obrar humano.

El papel de los profesionales y su responsabilidad social corporativa en la que el plantear de Luis Beltrán “persigue el respeto y la protección por parte del gobierno” analizando la “historia y utilidad de las asociaciones médicas”, debe hacernos reflexionar sobre la realidad del asociacionismo profesional, fundamentalmente por lo que respecta a su sujeción a normas éticas o deontológicas, códigos de conducta, recomendaciones de buenas prácticas, etc. que deben de concretar los principios éticos y orientar sus actuaciones, en torno a un liderazgo inclusivo.

Porque la medicina es una ciencia profundamente humanista, orientada al paciente y que no debe estar sometida a las presiones de cualquier institución o empleador. La libertad de actuación según la evidencia científica debe mantener una independencia irrenunciable, que finalmente se traducirá en el beneficio del paciente. Consultas saturadas, soldada escasa y estancada, descrédito y presión social, intereses espurios empresariales públicos o privados, solamente se traducen en una reducción del tiempo dedicado a los pacientes más allá de lo técnicamente clínico – y con prisas –  que derivará en una relación profesional afectiva dependiente solamente del sobreesfuerzo de los profesionales.

Se plantea en ocasiones la humanización como si se tratara de un protocolo o guía de práctica clínica, que se propone a los profesionales como si no fuera algo inherente a ellos, pero la realidad es que sigue permanente vigente el espíritu de Luis Beltrán y Arnau de Vilanova. La medicina no es solamente una ciencia, si no que además debe estar impregnada por la filosofía de la cultura del servicio a los demás y a la sociedad.

Debemos pararnos a reflexionar si no estamos sucumbiendo, en similitud con cualquier fábrica de producción de tangibles, a la progresiva tecnificación, los modelos de gestión, a las prisas, al consumismo de la sociedad, al más con menos, a una informatización agresiva, sin reflexionar sobre el humanismo, la ética, la clásica relación médico-paciente, que nuevamente están destacando en instituciones vanguardistas del sector sanitario como la Clínica Mayo o el Hospital de Cleveland. Quizá aquí esté el diferencial, la marca, lo que los convierte en algo diferente, que parece novedoso, cuando en realidad es histórico, porque la razón de ser de las instituciones sanitarias siempre ha sido la del servicio a la sociedad.

La tecnificación es la base del progreso, la medicina se actualiza con extraordinaria rapidez, pero el colectivo profesional que también es sociedad civil, debe actuar para tomar decisiones en el ámbito público más allá de las estructuras gubernamentales y por tanto, debe salvaguardar la ordenación del ejercicio de la profesión, la representación institucional y la protección de los intereses de los consumidores y usuarios, debe recuperar el empoderamiento en la definición de estrategias que divulguen buenas prácticas, implicándose en las definiciones futuras y en su implantación, en un tiempo en el que la inteligencia artificial y el big-data se abren camino sin retorno hacia un futuro para el que nos debemos preparar.

Todo lo anterior desde un concepto holístico, nos llevará de la divergencia a la convergencia, de la dispersión a la confluencia, a la profesionalidad humanista, al beneficio de la sociedad y al progreso social, o si no, sálvese quien pueda.

Edificio de los Condes de Buñol en la c/ Isabel La Católica, 8 de Valencia, construido en 1907, sede del ICOMV en 1962. © ANJ.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *