Tiempo para hacer de médicos.

La permanente reivindicación de los tiempos asistenciales en atención primaria ha sido una cuestión recurrente en nuestro sistema nacional de salud. Recuerdo los inicios de la atención primaria que coexistieron con los consultorios tradicionales, en los que se iniciaba un nuevo modelo que permitiría erradicar esas prácticas y dedicar en las siete horas diarias de actividad laboral un tiempo para la actualización profesional, parte para la demanda y parte para una actividad programada que permitiera controlar enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión arterial, la insuficiencia cardíaca y otras patologías prevalentes que siguen aún hoy en permanente debate sobre cómo abordar su optimización.

También recuerdo la machacona frase que se repite de forma obstinada hasta ya incluso de forma coloquial sobre que «los servicios de urgencias son la imagen del hospital» y cómo me atreví a replicarle a un gestor que efectivamente, pero que en realidad la frase completa debería ser que «los servicios de urgencias son la imagen del funcionamiento del hospital» y cómo aquello, además de no sentarle muy bien, ni siquiera sirvió para su reflexión. Recuerdo también cuando en el consultorio tradicional citaban a un paciente cada quince minutos, y cómo cuando se acababan todos los cuartos se citaban cada diez minutos y cuando estos se terminaban, se hacía cada cinco y así sucesivamente hasta que daba cabida a todas las demandas, y cuando finalizaban las consultas, aún estaban los que no habían tenido tiempo de llamar y se atendían «urgencias» y cómo se afirmaba que con el nuevo modelo «esto no pasará». Pero está pasando.

Estaba reflexionando sobre la optimización de la gestión y la calidad de los servicios de urgencias, cuando he encontrado referencias en algunos blogs sobre Tudor Hart y su lapidaria afirmación: «Consultas de cinco minutos son más propias de atención veterinaria que de atención médica. Supone tratar a las personas como si fueran ganado». También el post escrito por E. Lew en el blog de Kevin Pho  qué hace exactamente un médico de urgencia. Realmente, el uso racional de los recursos sanitarios es una cuestión colectiva que atañe a toda la sociedad, incluidos los pacientes que son conscientes del atajo, pero la realidad es que son los políticos, gestores, sindicatos, profesionales y las corporaciones que los representan, los verdaderos responsables de no cumplir con el cometido para el que fueron creados. Los políticos siempre dicen que darán más sin saber muy bien qué ni cómo, los gestores aceptan posiciones más contemporizadoras que ejecutivas, y cuando lo hacen, ejecutan hacia abajo, los de abajo, los trabajadores, aceptan una frenética actividad sobre la que deberían reflexionar, los responsables de la defensa laboral en su mundo y las asociaciones profesionales no están a lo de la correcta práctica clínica que necesariamente debería pasar por un tiempo suficiente para la atención tal y como recomiendan las sociedades del sector, que por cierto también están en lo suyo de la ciencia.

Operahuset de Oslo (2008). Diseñado por Snøhetta e inspirado en un témpano emergiendo del mar, se puede caminar por su tejado. © ANJ.

La medicina de urgencias y la medicina de atención primaria se asemejan en algunas cuestiones, pero las dos principales son que la demanda no está limitada dando cabida a pacientes hasta extremos insospechados y que fundamentalmente está asistida por médicos cuyas raíces surgen de la medicina generalista. Los médicos ahora especialistas en medicina familiar y comunitaria son los que en nuestro país constituyen en la actualidad la columna vertebral de ambos colectivos. Y resulta que ambos son básicos en la proyección del sistema sanitario, porque una atención primaria junto a unos servicios de urgencias eficientes pueden descongestionar el sistema absorbiendo una mayor carga de complejidad, incluyendo a los pacientes mayores, crónicos, paliativos y sociales que son los que mayor coste generan.

Y de igual forma, en ambas actividades se elucubra sobre sesudas alternativas de gestión para mejorar la atención al paciente, reducir o contener las derivaciones a «especializada», o la disminución de la solicitud de pruebas diagnósticas, los tiempos de espera, de estancia, disminución de la tasa de ingresos y de frecuentación, …. Todo ello con «tarifa plana». Pero nadie ha analizado la significativa correlación entre la duración de una consulta y el gasto sanitario inducido, que sigue una proporción directa: a menos tiempo para la atención, más gasto. Entre todos la mataron y ella sola se murió.

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