La evolución del seguro en el sector salud.

Desde hace varios años, el sector de los seguros de salud es el que ha mantenido su crecimiento dentro del sector asegurador, ya que otros como los del ramo del automóvil, del hogar o de accidentes han sufrido caídas como consecuencia de la crisis económica, lo que ha dado lugar a que aparezcan nuevos operadores incrementado la competencia de precios de una forma voraz. Efectivamente, en 2017 las pólizas de salud incrementaron su aportación un 4,24%, hasta los 8.058 millones de euros, según informó la secretaria general de UNESPA, durante la presentación de resultados del ejercicio.

A la hora de la redacción de este post, un total de veintiséis compañías del sector seguros de salud – donde se incluyen los principales proveedores – estaban adheridas a las guías de buenas prácticas comprometiéndose con la excelencia empresarial y las mejores prácticas corporativas. Sin embargo, la realidad es diferente cuando se analiza en profundidad el sistema, porque los pacientes con alta siniestralidad pueden ser excluidos, o al aumento de la prima invitarlos a ello.

Realmente se está entrando en una espiral que preocupa a las propias compañías. Es anacrónico, cómo podemos encontrar pólizas en una de las aseguradoras punteras «desde 14,50 € al mes», y esa misma entidad ofrecer un seguro con menor cobertura por 24,28€/mes «para tu mejor amigo». Algunas compañías han llegado a publicitar descuentos de hasta el 50 %. Efectivamente, ya en 2015, en declaraciones del CEO de Sanitas I. Ureño, manifestaba que «a los precios a los que se están vendiendo los seguros de salud, no se puede hacer buena medicina», además de que, por otro lado, acabarán produciendo un desplome de las tarifas con la consiguiente disminución de la rentabilidad y su margen técnico, lo que confirmaba J. Santacreu CEO de DKV seguros, quien sin embargo reconocía que «me parece una barbaridad cancelar o aumentar la póliza a un paciente, porque éste tenga un problema de salud», al mismo tiempo que «la clave es animar al sector para que haya menos actos médicos y mejor remunerados y que se establezca una regulación que no permita negociar precios bajos para colectivos de pacientes y luego seleccionar a los más económicos para dejar fuera a aquellos que más van a consumir».

La gestión de los seguros de salud está regulada en países en los que este sistema constituye la base de su sistema nacional de salud (SNS) con el modelo Bismarkiano. Sin embargo, en España, al no formar parte del SNS ya que este sigue el modelo Beveridge, esta regulación no está implantada de forma que se prima el principio de la libre competencia, por lo que esta prohíbe establecer tarifas mínimas en la prestación de servicios de salud. Por otro lado, llama la atención cómo la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) «promueve y defiende el buen funcionamiento de todos los mercados en interés de los consumidores y de las empresas», sin entrar en el fondo de la cuestión: si el producto ofertado es adecuado a la finalidad del proceso productivo.

Todo lo anterior, hasta la fecha, con la amable complacencia de los profesionales de la salud, que han soportado con estoicidad la congelación de sus retribuciones, entrando en el bucle perverso de una asistencia basada en la rapidez, rotación entre especialistas y la solicitud de pruebas diagnósticas, que a su vez genera una espiral de gasto inducido, lo que redunda en la disminución del margen comercial de las aseguradoras, que conlleva a que disminuyan el precio del pago a proveedores por sus servicios. Pero quien no piense que esto tendrá un final, no ha reflexionado o tiene una mentalidad cortoplacista. Los médicos están soliviantados, los grupos hospitalarios privados, ante la proliferación de «forfaits», trasladan la presión a sus empleados y la calidad se ve mermada, por lo que de seguir así el sector de la asistencia colectiva acabará (está empezando a pasar) por emular las esperas que se producen en el sector público. Quizá el Estado debiera revisar algunas bases del sector de los seguros de salud.

Todo lo cual me vuelve a recordar la reflexión de T. Hart del post anterior: «Consultas de cinco minutos son más propias de atención veterinaria que de atención médica. Supone tratar a las personas como si fueran ganado», asumiendo el consumidor con total anuencia, que la póliza «de tu mejor amigo» sea más cara que la tuya propia, sin recordar que «nadie da duros a cuatro pesetas».

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