Ignoscents, folls e orats.

¨La part preservativa … està en la bondat de l’ayre, en la disposició de les viandes e del beure, del dormir e del vetlar, del moviment e del repòs, dels accidentes del ànima, de la replexió e del buydament”.

Lluis Alcanyís (1440-1506)

primer catedrático de medicina U. de Valencia (1499)

 

¨E com la dita història e actes del dit Tirant sien en llengua anglesa, … , m’atreviré expondre, no solament de llengua anglesa en portuguesa, mas encara de portuguesa en vulgar valenciana, per ço que la nació d’on io só natural se’n puixa alegrar e molt ajudar per los tants e tan insignes actes com hi són …¨.

Joanot Martorell. Tirant lo Blanch (1490). Dedicatòria

 

La frase que encabeza el título de presente post hace referencia al nombre del primer hospital psiquiátrico que para este fin fue creado en el mundo por Joan Gilabert el «padre Jofre», en Valencia en el año 1.409 mediante licencia otorgada por el monarca de la corona de Aragón, Martín El Humano, “Per que seria sancta cosa e obra molt sancta que en la ciutat de Valencia fos fet una habitació o hospital en que semblants folls e ignocens estiguesen de tal manera que no anassen per la ciutat, ni poguessen fer dany n’ils ne fos fet…” (Libro Viejo de las Constituciones del Hospital General de Valencia).

Y nos viene al pelo sobre la locura desatada en algunas comunidades autónomas de España (como ha ocurrido en las Islas Baleares), sobre la imposición y obligatoriedad a todo el personal sanitario de saber catalán para trabajar en la sanidad pública, aunque se acredite un alto grado de comprensión oral y escrita, contemplándose más que como un mérito en todos los procesos de selección de personal, como un requisito imprescindible y excluyente, bajo el peregrino argumento de que «entiendan al paciente», o «que puedan entender al agricultor mallorquín que casi no habla castellano» y otras expresiones que lo único que demuestran es la implantación de criterios «socio-políticos» y doctrinales antes que criterios «socio-científicos». Este caso, no solamente conllevará a un éxodo de profesionales de Baleares, sino que además propiciará una pérdida de energía y disminución del esfuerzo científico para los que están, porque en lugar de primar la actualización profesional, el doctorado, o un «idioma franco» con alto consenso internacional, se impone por encima de todo la implantación de un requisito lingüístico no consensuado por todos y con gran contestación, política, social y profesional. Debe alcanzarse el nivel B2 del marco europeo, sin igualdad, no ya para el inglés, ni siquiera para el español. Y lo mismo se está gestando en la Comunidad Valenciana, donde según la nueva Ley de Función Pública de la Generalitat Valenciana, «se exigirá el nivel C1 de valenciano para poder obtener una plaza pública».

En mi opinión y en coincidencia con la ministra de Sanidad Dolors Montserrat, obligar al médico a hablar catalán es perder talento, ya que además de la diáspora, disminuirá la oferta de profesionales. La línea de la comunidad científica internacional utiliza al inglés como idioma vehicular. En nuestro país, en lugar de progresar hacia un bilingüismo pleno, perdemos la energía haciéndonos filólogos. Me pregunto la gran utilidad de alcanzar un nivel B2 o C1 en idiomas que no son conocidos internacionalmente, en lugar de exigir al menos un B1 en el idioma que vehiculiza toda la producción científica internacional.

Recuerdo de chaval, que mi abuelo, aunque no mallorquín sí era un labrador, apenas sabía hablar español porque lo hacía en valenciano y jamás tuvo problemas porque todos lo utilizábamos con él. Sin embargo, me planteo si en la actualidad no hubiera sido proscrito, porque lo hablaba perfectamente, pero no lo sabía escribir.

Los idiomas son elementos vivos y cambiantes, que progresan por el flujo cotidiano de los habitantes que lo hablan en una determinada región. En nuestra península, derivados del provenzal, vulgar valenciana lingua, occitano, lemosín, del romance, el castellano, el gallego, parla aragonesa, aranés, barceloni, catalán, mallorquín, valenciano, portugués, mirandés, el bable o lengua asturleonesa, ligur tabarquino, el ladino, el vasco, etc, todos deben ser protegidos, potenciados e instados a que se hablen, pero no hasta el extremo de convertir este hecho en algo superior a los méritos que deberían requerirse para el ejercicio de una profesión eminentemente científica, porque no aporta valor a la actividad sanitaria más allá de su conocimiento para la relación social.

El español, derivado del latín, no se parecía a ninguna lengua de la época, pero sirvió a todos, porque desde Alfonso X «El Sabio» el castellano tal y como lo conocemos se desarrolló espontáneamente ya en el s. XII como «lingua franca». A efectos prácticos, en la actualidad el español es la tercera lengua más hablada del mundo por el número de personas que lo emplean como lengua materna (tras el inglés y el mandarín), siendo después del inglés el más estudiado. Por tanto, los principales idiomas globales en la actualidad son el inglés y el español.

Imponer la lengua de Pompeu Fabra i Poch, de principios del s. XX para el ejercicio de la medicina, me hace pensar que hemos «perdido el oremus», o perdón, «hem perdut la raó» o «estem folls» o «som ignoscents».

Puerta gótica Hospital General de Valencia (1512). © ANJ

 

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