Al cruzar el límite

Es el título de una película traducido del original “Extreme Measures” (1996) de Michael Apted, protagonizada por Hugh Grant, Gene Hackman y Sarah Jessica Parker, en el que se pueden analizar los principios bioéticos de justicia, autonomía, así como de la influencia de las situaciones personales, profesionales, sociales y mercantiles sobre los que se asienta el ejercicio de la medicina. Extrapolándolo desde la investigación clínica que es por donde se desenvuelve la trama, es perfectamente trasladable a los que deben regir en la vocación del médico y por ende a su ámbito corporativo, en la actualidad especialmente vulnerable.

La medicina es una actividad que está intrínseca e inevitablemente ligada a la ética y, por tanto, los médicos deben mantener su integridad profesional en beneficio de sus pacientes y de la sociedad sin tener que recordar el Juramento Hipocrático y más modernamente la Declaración de Ginebra, que realizaron al finalizar su carrera. El vídeo coproducido por el Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés – UE y la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) que figura al final del presente post y del que recomiendo su visualización, destaca las virtudes tanto humanísticas como sociales de la profesión.

Los médicos deben obligarse sistemáticamente al cumplimiento de ese juramento promisorio a pesar de los sacrificios que pudieran conllevar. La medicina es intrínsecamente una actividad ética, por lo que desde el punto de vista de su gestión no vale todo cuando se trata de articular las prestaciones sanitarias que tienen lugar en los hospitales y consultorios (tanto públicos como privados). Incrementar – por ejemplo – las ratios de pacientes por médico, inevitablemente termina por crear descontento en los primeros y frustración en los segundos, induciendo al mismo tiempo refrecuentaciones, un incremento del gasto y por tanto el coste del producto final, sin entrar en la responsabilidad legal que conlleva una mala praxis. Lo que debe primar es la atención al paciente. Porque como se describe en múltiples sentencias judiciales del Tribunal Supremo: «la responsabilidad de un médico siempre es de medios y no de resultados y por lo tanto solo exigible desde la imputación objetiva cuando exista un déficit en su actuación por la falta de cuidado en el diagnóstico o en el tratamiento». Por tanto, la responsabilidad es individual de cada médico en el ejercicio de la profesión independientemente del lugar donde se practique.

Es recurrente la permanente presión que se aplica sobre los médicos en el ejercicio de su actividad profesional, siempre con el mantra del coste, del gasto y otras sutiles insinuaciones. Otra cosa es la arquitectura organizativa, que es donde está el nudo gordiano. El ejercicio de la medicina debe estar sometido exclusivamente al imperio de las necesidades de los pacientes y gobernados por la lex artis, sin injerencias.

Los Colegios de Médicos, deben garantizar la adecuación de la práctica profesional y analizar las desviaciones que puedan producirse por razones espurias. El ejercicio de la medicina no es una actividad baladí. Al complejo proceso de elaboración de un diagnóstico, debe añadirse el inseparable aspecto ético que se merecen tanto el paciente como el médico. El ejercicio de la Medicina no es neutro, el médico necesita mantener su integridad profesional y defender a sus enfermos. Nuestra política debe ser nuestra profesión. Respetar a nuestros pacientes significa respetarnos primero a nosotros mismos como representantes de un colectivo de tradición milenaria, que conlleva inseparablemente un compromiso social.

 

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