Phármakon, la ontología y el filosofema de los productos farmacéuticos

Desde el mito de Hermes Trimegisto, «padre de los alquimistas» (a quien posteriormente los griegos dieron el nombre del dios egipcio Thoth), legendario sabio egipcio que conocía sobre medicina, derecho moral, filosofía, religión, ciencias naturales, matemáticas, etc. e inventor de la escritura, relacionado con la «Tabla Smaragdine» o «tabla esmeralda» que resume el «opus magnum», ya se planteó un filosofema. Thoth ofertó al rey Thamus un «fármaco» portentoso, pues hacía sabio a quien lo consumiera. Era la escritura. Pero este optó por desoír al genial dios, ante una droga que al mismo tiempo sana y mata. Declinó la oferta porque tenía fuertes contraindicaciones. Podía, fijar hechos y salvarlos del olvido, como una memoria perenne, pero condenaba definitivamente al olvido a lo que no quedara escrito. La escritura arruinaba la tradición oral. Privilegiaba la visión, pero condenaba el oído.

Hermes Trimegisto fue fundido en la mitología griega como Hermes y posteriormente como Mercurio para los romanos, como el dios mensajero y del comercio. Los tres dioses están representados por el «Caduceo», el símbolo del comercio, de la economía y también de la alquimia. Erróneamente se ha vinculado con la medicina por confusión con la «Báculo de Asclepio o vara de Esculapio». Cuenta Ovidio que el dios Mercurio-Hermes encontró a dos serpientes peleando entre sí en el monte Citerón y se propuso separarlas con su vara.  Cuando la interpuso entre ellas, ambas se enlazaron al bastón y mediante una ascensión vertical se elevaron y se situaron frente a frente, en una imagen simétrica, sin atacarse ni hacerse más daño poniendo fin al enfrentamiento que se daba a ras de suelo, más básico y mundano. El caduceo nos representa la superación de los opuestos (tierra y aire, fuego y agua, azufre y mercurio) alcanzando una síntesis superior y por tanto un cambio de perspectiva.

Si recordamos la etimología de «pharmakon» (Φρμακον), y nos posicionamos ante su polisemia como fármaco o veneno, veremos que hace referencia al producto de la serpiente que contendría en sí mismo el remedio o la panacea, los cuales a su vez son complementarios, como en la mitología bíblica en la que hay dos serpientes, con dos aspectos (veneno y remedio), «la que muerde» y «la que sana».

Me ha llamado la atención la noticia del periodista de investigación Tae Kim ¿Es la curación de los pacientes un modelo comercial sostenible? en referencia al informe de Goldman Sachs firmado por Salveen Richter, así como el artículo de Milton Packer que titulaba «It’s Official! Curing Patients Is Bad for Business!» y que ampliamente se describe en el blog El rincón de Sísifo. Salvo que sea un cliente preferente o un pirata informático corporativo avezado, no encontrarán rastros del mencionado informe en la red.

Efectivamente, al parecer, el ejemplo del analista de Goldman Sachs, el espectacular rendimiento económico de la industria farmacéutica en relación con los recientes medicamentos que «curan» enfermedades hace que su proyección de beneficios vaya en declive, como ha pasado con el laboratorio Gilead Sciencies Inc, que ha desarrollado el Sovaldi ® (sofusbuvir) para el tratamiento de la hepatitis C (VHC), primer producto con actividad antiviral frente a todos los genotipos, que logró tasas de curación superiores al 90 %, alcanzando un máximo de 12,5 mil millones de dólares americanos en 2015 solamente en EE.UU. Pero desde entonces las ventas están cayendo, estimando Goldman que las ventas para 2018 serán inferiores a 4 mil millones de $.

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